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La victoria de Pedro Sánchez en las primarias: cuatro lecciones para la estrategia política

El largo proceso interno que ha vivido el PSOE durante este último año, desde las elecciones generales de junio de 2016 hasta la clara victoria de Pedro Sánchez en las elecciones primarias de mayo de 2017, nos permite extraer cuatro importantes lecciones para la estrategia política.

Pedro Sánchez y su equipo celebran la victoria en Ferraz.
Foto de su cuenta de Twitter, @sanchezcastejon.
Primera lección: la importancia de un buen relato.
Pocas cosas hay más poderosas en estrategia política que tener un relato coherente, creíble y emotivo. Pedro Sánchez lo ha tenido: lo ha construido y se lo han construido. Tras las elecciones de junio de 2016, hizo del “no es no” su bandera: no se podía apoyar, por activa o por pasiva, la formación de un gobierno integrado por un partido que representaba, en resumen, la corrupción y los recortes. Esta postura conectaba con la gran mayoría de la militancia socialista. Cuando el aparato de su propio partido se lo sacó de en medio y la gestora impuso la abstención, Pedro Sánchez optó por dimitir para no traicionar su palabra, pero también para no desobedecer al partido. Todo ello le ha servido para mantener un discurso potente y sencillo que conectaba emocionalmente con las bases del partido.

Segunda lección: cuidado con el efecto boomerang.
Es relativamente fácil dar un golpe a un rival, incluso noquearlo temporalmente. No es tan sencillo mantener esos efectos si el golpe no es decisivo y se basa en estratagemas cuestionables. Cuando el aparato del PSOE urdió el golpe contra Pedro Sánchez pensaban que acabarían con él, pero crearon un mártir. El boomerang, en su vuelta, alcanzó más velocidad que en su ida...

Tercera lección: nunca abras la caja de Pandora (salvo que tengas siete llaves para cerrarla).
A la presidenta andaluza se le atribuye la afirmación “no vale, pero nos vale”, referida a Pedro Sánchez. Aludía a que, mientras ella no alcanzaba la secretaría general del partido desde la que lanzarse como candidata a la presidencia, lo cual ocurriría cuando el contexto sociopolítico fuese más favorable, Pedro Sánchez podía valer como “apaño” temporal. Lo que iba a ser un títere de los poderes orgánicos acabó adquiriendo personalidad propia, discurso propio, entidad propia. No estaba previsto, no era lo diseñado en la estrategia, pero ocurrió. Jugar a aprendices de brujo, abrir la caja de Pandora, en política a menudo sale muy caro, el poder de lo imprevisto es una fuerza que tiende a menospreciarse: nunca juegues con fuego si no quieres quemarte.

Cuarta lección: nunca minusvalores a tu rival, jamás.

La prepotencia y la soberbia son pésimos aliados en política. Susana Díaz y su candidatura estuvieron sobrados de ambas. Creyeron que Pedro Sánchez no era rival, lo desacreditaron repetidamente tachándolo de perdedor (“sólo sabe perder elecciones”), en contraposición a su “historia de éxito”. Lo dieron por muerto, se confiaron. Pensaron que el apoyo de todos los grandes poderes del país y de la práctica totalidad del poder territorial del partido garantizaban una victoria clara: confundir “opinión pública “con “opinión publicada” es siempre un error fatal, pero más todavía en la era digital, cuando existen tantos canales de información diferentes a mano... y redes sociales. Ante una militancia movilizada y activa, los editoriales de prensa, las opiniones de tertulianos, los posicionamientos de los líderes territoriales, los encuadres informativos de los medios tradicionales, lejos que sumar apoyos para su candidata, generarán más bien un efecto boomerang (otro, y van dos), cohesionando y movilizando aún más las bases electorales de Pedro Sánchez.

Comentarios

  1. Los militantes dieron mucho valor al respeto a la palabra dada.

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    Respuestas
    1. Efectivamente, así lo creo... el ser fiel a "la palabra dada" forma parte del relato sencillo y potente que pudo manejar Pedro Sánchez

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