01 febrero 2015

Adelanto electoral en Andalucía: ¿se pasó Susana Díaz de frenada?

Susana Díaz, la emergente líder del PSOE y protocandidata a la presidencia del Gobierno, ha probablemente cometido un importante error estratégico con su adelanto en más de un año de las elecciones autonómicas.

Ella lo achaca a "un giro radical en la dirección de Izquierda Unida", aunque todo parece indicar que detrás de dicha decisión hay factores de más peso que el esgrimido, que suena más bien a "excusa". Por ejemplo, dar un golpe sobre la mesa en el interior de su partido con una reforzada victoria ante un escenario electoral complejo para los socialistas; o apurar los plazos para evitar que Podemos se consolide en Andalucía.

Tanto la encuesta elaborada por Sigma Dos para El Mundo sobre una base de 1.800 entrevistas telefónicas como (sobre todo) el estudio basado en encuestas publicadas y la historia electoral andaluza publicado por El Español, el diario recientemente creado por Pedro J. Ramírez, ponen en tela de juicio la oportunidad (hablando estrictamente en términos electorales) de dicho adelanto: si quería evitar la irrupción de Podemos, todo parece indicar que no lo logrará.

Resultados según el estudio publicado por El Español:



Si estas previsiones se confirman, el adelanto habrá sido un patinazo porque anticipa alguno de los siguientes escenarios:
  • Pacto con el PP para poder gobernar. Esto, justo antes de unas elecciones municipales y autonómicas en toda España y a meses de las Generales, sería un suicido a lo PASOK del PSOE.
  • Pacto con Podemos. ¿Pero entonces se puede pactar con el populismo?
  • Pacto con IU. ¿Pero no se habían radicalizado? El nuevo pacto sería desde una posición más desventajosa, por cuanto el peso relativo del PSOE sería menor. Es más, ¡podría  no ser suficiente para sumar mayoría absoluta!
  • Pacto con Podemos e IU. Sumen los dos anteriores...
  • Gobierno de minoría absoluta... que seguramente obligaría a convocar nuevas elecciones antes de fin de año, con el consiguiente y seguro desgaste.
En vista de lo que parecen empezar a indicar las encuestas, pues, se trata de un error estratégico. Susana Díaz tenía más de un año por delante para seguir gobernando y demostrando "que hay otra salida a la crisis", viendo cómo se despejaba el panorama nacional. 

Por ejemplo, imaginemos que Podemos entra en mayo en muchos gobiernos municipales (aunque a través de candidaturas de unidad popular) y autonómicos. Es probable que, tras el consiguiente "choque de realismo", muchas expectativas se vieran defraudadas, con el probable consiguiente re-trasvase de votos hacia el PSOE. 

Es cierto que el riesgo es que ocurra lo contrario: que Podemos ponga en marcha políticas realmente de cambio,y haga otro tanto en caso de ganar las Generales, arrinconando todavía más al PSOE. ¿Acaso tiene miedo de esta segunda opción Susana Díaz? ¿No está segura de que Podemos es pura demagogia populista que no podrá hacer lo que promete? Si lo está, que deje que se estrelle y luego recoja los frutos... Tal vez no lo esté tanto.

El órdago de Susana Díaz es arrasar en las urnas en marzo y dar un puñetazo sobre la mesa de su partido. Pero no parece que haya ningún plan b en caso de ocurra lo que las encuestas empiezan a vaticinar y, en clave interna, esto podría suponer un respiro para Pedro Sánchez...

10 febrero 2014

¿Pesadilla en la cocina? Algunos comentarios sobre el barómetro de enero del CIS.

El barómetro del CIS de enero ha suscitado una cierta polémica al situar al PP 5,5 puntos por delante del PSOE, a pesar de figurar claramente por detrás en los indicadores directos. Al respecto, Óscar López, secretario de Organización de los socialistas, declaró: “no sabemos si es máster chef o pesadilla en la cocina del PP en el CIS".

¿Se le ha ido la en la cocina al CIS? ¿O la estimación mantiene la pauta del resto de estimaciones? ¿Hay una consigna política para mantener al PP por delante del PSOE y, en tal caso, es esta una estrategia (de manipulación, por otra parte) correcta?

Me gustaría señalar, antes de nada, que las encuestas del CIS son las más fiables de todas las que se realizan en nuestro país, tanto por el tipo de muestreo (presencial en los hogares de las personas entrevistadas) como por el tamaño de la muestra (2.500 entrevistas) y el consiguiente margen de error manejado (±2,0%). Esta institución ofrece, además, una serie de datos históricos de inestimable valor para cualquier investigador social. Además, y en un impagable ejercicio de transparencia iniciado en la etapa anterior, permite acceder a las matrices de datos de todos los estudios que realiza. Que dure, por tanto.

Pero entremos en harina con esta primera tabla.















El PP obtiene en el barómetro de enero de 2014 el 10,8% del voto decidido, es decir, en respuesta a la pregunta “Suponiendo que mañana se celebrasen elecciones generales, es decir, al Parlamento español, ¿a qué partido votaría usted?”. Este porcentaje es la tercera parte (¡la tercera parte, casi 20 puntos menos!) del que obtenía en octubre de 2011, un mes antes de celebrarse las elecciones en las que obtuvo mayoría absoluta, cuando señalaban a este partido 3 de cada 10 personas ).

Los resultados del PSOE tampoco son espectaculares, pues su voto directo es un punto superior al del PP, si bien solo 6,1 puntos menos que en octubre de 2011, cuando reunía al 17,9% del voto decidido.

Por su parte, el 7,1% declara que votaría a IU y el 4,6% a UPyD, que de este modo subirían claramente respecto a octubre de 2011, cuando sumaban el 4,5% y el 2,3%, respectivamente.

Con estos mimbres, hace 2 años el CIS estimó, tras pasar estos datos por la cocina, los siguientes resultados: PP 46,6%, PSOE 29,9%, IU6,2% y UPyD 2,9%. Sobreestimó a los dos primeros e infraestimó a los dos últimos, como se ve en el siguiente cuadro, aunque sin equivocarse excesivamente en ningún caso.

De esta tabla quisiera llamar la atención sobre un dato que frecuentemente se olvida y que me parece esencial. Fíjense en la fila que hemos añadido de total voto válido: 2 de cada tres personas han contestado a la pregunta del CIS señalando alguna opción de voto, por lo que la cocina tenía que “limitarse” a predecir el comportamiento de 1 de cada 3 electores. Observen ahora el siguiente cuadro resumen del barómetro de enero de 2014.


Fijémonos de nuevo en esta fila de voto válido: apenas algo más de la mitad del electorado manifiesta su opción de voto, por lo que la cocina del CIS tiene que desentrañar la conducta de casi la mitad del cuerpo electoral. Esto explica, en parte, los ridículos porcentajes de voto que obtienen PP y PSOE y que ni IU ni UPyD terminen de despegar en el indicador de voto decidido.  Este hecho aumenta exponencialmente, también, la probabilidad de que las estimaciones sean erróneas.

Analicemos ahora la tercera columna de ambas tablas, en la que se representa la diferencia entre el voto directo y el voto estimado. Como se puede apreciar, en octubre de 2011 al PP le otorgaron +16,1% (una predicción exacta hubiera sido sumar 14,1 puntos al voto directo). Es decir, dos tercios del porcentaje que le estimaron se fundamentó en una variable sólida, el voto decidido. En enero de 2014 se invierten las proporciones: dos tercios del voto estimado del PP provienen de la “cocina”, esto es, de la estimación de voto a partir de otras variables distintas de la intención directa. Aun así, solo obtendría el 32% del voto válido.

Por su parte, la estimación del voto del PSOE no es tan diferente en octubre de 2011 y en enero de 2014: suman al voto directo 12 y casi 15 puntos, respectivamente. Por tanto, más de la mitad del voto estimado en enero procede de variables distintas al voto decidido.

En el caso de UPyD, el voto decidido es de 4,6%, idéntico porcentaje que se le suma a través de otras estimaciones para dar un voto final del 9,2%.

Por último, IU sería el menos beneficiado por el modelo de estimación. En voto directo obtiene un 7,1% de los sufragios (es decir, solo 3,7 puntos menos que el PP y 4,7 menos que el PSOE) que únicamente se verían incrementados en 4,2 puntos tras pasar por la cocina.

Así pues, ¿estamos ante un caso de pesadilla en la cocina, como sugiere Óscar López?

En el actual contexto social, político y económico, todo parece indicar que los anclajes de voto tradicionales han sido dinamitados y que, por tanto, los modelos de predicción que han funcionado más o menos correctamente durante los últimos lustros podrían no ser válidos actualmente. Estamos atravesando un momento de cambio e indefinición, pero no sabemos hacia dónde: los modelos predictivos son relativamente fiables mientras las variables que los sustentan permanecen más o menos inalteradas, pero la actual crisis lo ha cambiado absolutamente todo.

En este sentido, puedo entender las críticas que se han hecho desde la dirección socialista, pues a priori no parece muy justificado que el partido que aparece un punto por delante en intención directa pase a estar 5,5 por detrás. Pero en lugar de pensar en manipulación de los datos, prefiero pensar que se han usado modelos predictivos (tal vez forzándolos un poco en ciertas ponderaciones) que probablemente ya no sean del todo válidos.

No obstante, si fuera Óscar López no me preocuparía en exceso porque, si alguien ha decidido manipular o forzar los datos de tal forma que el PP aparezca engañosamente por delante en las elecciones, el efecto que podría tener sobre el electorado bien podría ser el inverso: cuando un partido está realmente sumido en una tendencia bajista, darle más intención de voto de la real podía aumentar su tendencia bajista, antes que cambiar dicho escenario.

Sí me preocuparía, en cambio, el voto directo y la posibilidad, muy real, de que el actual ciclo bipartidista estuviera a punto de saltar por los aires. Los dos principales partidos afrontan dos riesgos, a cada cual más negativo para sus expectativas: el primero, que la abstención alcance un récord histórico y la legitimidad del sistema se resquebraje todavía más, escenario en el que probablemente podrían mantener su posición de dominio con cierta comodidad; el segundo, que gran parte del electorado sumido entre la indefinición, el desencanto y la deserción (indecisos, abstencionistas, votantes en blanco) decida dar su voto a alguna de las múltiples alternativas, ya más consolidadas (IU, UPyD, Equo) o de reciente aparición (Podemos, Vox, Partido X, etc.).


Todavía quedan casi dos años para las elecciones generales, una eternidad en términos electorales. Si fueran mañana, como se pregunta en estas encuestas, mi percepción es que ocurriría un auténtico terremoto electoral. 

05 mayo 2013

¿Abdicación o Tercera República?

A continuación reproduzco la columna de opinión publicada en Monitor Nacional el 30 de abril de 2013 (enlace a publicación aquí):


La crisis financiera y económica que ha estado golpeando a gran parte del mundo desarrollado desde 2008 ha tomado desde el principio un cariz especialmente preocupante en ciertos países de la Unión Europea, España entre ellos. De forma creciente, la ciudadanía española comienza a percibir que no se trata única ni principalmente de una crisis, sino de una estafa masiva de la que ella es la principal víctima.
En España se está creando un peligroso cóctel explosivo. Por un lado, la gente de a pie sufre el aumento continuo del desempleo que ya está en máximos históricos (supera ya el 27%, el 57% si nos referimos al juvenil), recortes continuos en sanidad, educación, derechos laborales y todo tipo de políticas sociales, retrocesos salariales, etc. que han llevado al vertiginoso empobrecimiento de un importante sector de la población, hasta el punto de que los bancos de alimentos y las ONG se ven desbordadas.
Por otro lado, en los medios de comunicación se suceden a diario escándalos de corrupción, noticias sobre el saqueo del erario al que se han dedicado una parte de la clase política, en colaboración y connivencia con la elite de la clase empresarial, durante años con total impunidad, y la atónita contemplación de cómo se destinan ingentes cantidades de dinero para rescatar a una banca que se ha dedicado a estafar a sus clientes (casos de preferentes y subordinadas) mientras mantienen el grifo del crédito cortado a pequeñas y mediantes empresas y particulares, acabando de estrangular la economía.
Es en este contexto insoportable en el que la confianza en la monarquía, la institución del Estado tradicionalmente mejor valorada por la ciudadanía española, se ha desplomado al descubrirse que no ha sido ajena al proceso de expolio que ha sufrido el pueblo gracias a que la prensa, por primera vez, ha derrumbado el muro de silencio que desde siempre ha rodeado a esta institución y, particularmente, a la figura del rey Juan Carlos I.
Caído el tabú, el español de a pie asiste atónito a la sucesión de acontecimientos que ponen en entredicho la continuidad monárquica. Dos han sido especialmente relevantes en este proceso: en primer lugar, el viaje del Rey a cazar elefantes a Botsuana en compañía de su amiga especial la princesa Corinna. En segundo lugar, el mayúsculo escándalo de desvío perfectamente organizado de fondos públicos del que formaba parte principal su yerno Iñaki Urdangarin y al que no son ajenos ni su hija la infanta Cristina, recientemente imputada, ni Carlos García Revenga, secretario de las infantas y a sueldo de la Casa Real, escándalo este del que todavía no se sabe hasta dónde llegará en sus implicaciones.
Día a día se conocen nuevos detalles que no hacen sino empeorar la percepción de la Monarquía. Esta misma semana se ha sabido que Iñaki Urdangarin aprovechó las buenas relaciones del Rey con el ex presidente de México Felipe Calderón para intentar hacer negocios aprovechando una visita institucional de éste a España, gestiones por las que habría cobrado una importante comisión.
En definitiva, la Monarquía, y de modo especial el Rey Juan Carlos I, está dejando de ser, a gran velocidad, la institución sin mácula que a ojos del pueblo desempeñara un papel clave en la reinstauración democrática y, sobre todo, en el aborto del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, para pasar a ser vista como una institución salpicada por la corrupción y la degeneración moral que ha experimentado el país.
Cada vez hay más voces que, en este contexto, piden la abdicación del Rey en la figura de su hijo el Príncipe Felipe, hasta ahora ajeno a cualquier escándalo. Pero también, y por vez primera desde la II República, comienzan a hacerse oír con fuerza quienes exigen el derecho del pueblo español a decidir si desean que la Jefatura del Estado sea hereditaria o elegida democráticamente.